MEDICINA DEPORTIVA: El absceso por una inyección

De la gran variedad de temas que nos ofrece la medicina deportiva, el absceso por una inyección es uno de los menos agradables – y no sólo desde el punto de vista estético. El hecho de presentar el problema, no significa que aprobemos el uso de sustancias dopantes (fuera de que haya también sustancias permitidas como la vitamina B12 que se administran por vía intramuscular). Sencillamente vemos la realidad que hay y esto implica que a uno u otro lector posiblemente podrá concernir el tema algún día. Así pues, vamos a detallar lo que es un absceso, su prevención, diagnóstico y tratamiento.

¿Qué es un absceso exactamente?

Por regla general un absceso es el último paso de una infección que puede ocurrir en cualquier tejido. Solamente son necesarios unos gérmenes (muchas veces bacterias) y la respuesta inmunológica del cuerpo. Cuando se infiltran los microorganismos en un tejido, está activada nuestra defensa principal, los glóbulos blancos. Pasan por la pared permeable de los vasos sanguíneos y se acumulan ahí. Los glóbulos producen ciertas sustancias para atacar los gérmenes que se llaman enzimas. Éstas actúan como un ácido: dan muerte a las bacterias y luego las despedazan en fragmentos pequeños que pasan fácilmente por la sangre. Así son eliminados del cuerpo después. Por desgracia las enzimas digieren también tejidos del cuerpo, lo que resulta en pus, ese líquido amarillo que contiene secreciones diferentes, enzimas, glóbulos blancos vivos y muertes, gérmenes digeridos y tejidos digeridos.

Como se ha dicho, el absceso sólo es el último paso de la respuesta inmunológica a una infección. Inicialmente, cuando los gérmenes activan los glóbulos blancos, está incrementada la entrada de sangre en el área. Por lo tanto sube la temperatura y hay enrojecimiento de la piel. Se hincha el área por la acumulación de sangre y de secreciones, y la hinchazón a su vez unida con varios procesos químicos causan un dolor típico. Son los cuatro síntomas de la inflamación: rubor, calor, hinchazón y dolor.

Cuando progresa la infección, se licua el tejido y empieza a formarse una cavidad. Así el cuerpo intenta aislar la infección y evitar que se extienda. Por cierto, no todas las infecciones ocasionan una licuefacción del tejido (el requisito de un absceso), depende mucho del tipo de germen. Hay bacterias, por ejemplo estreptococos, que prefieren distribuirse por las vías linfáticas lo que resulta en una erisipela, o sea una placa roja de la piel con bordes bien definidos. Por otro lado las bacterias del tipo estafilococo áureo suelen causar un absceso que va acompañado de una cavidad llena de pus. Finalmente se forma una membrana alrededor de ella que ayuda también a parar la extensión de los microorganismos. Así se explica que en la fase avanzada del proceso ya no funcionan los antibióticos. Sencillamente no llegan a las bacterias en concentraciones suficientes por el efecto de esta membrana.

Subtitulación: No siempre se ve una “cabeza” en la piel – el centro del absceso.

¿Qué complicaciones puede haber?

Si el contenido del absceso tiene contacto con vasos sanguíneos, están distribuidas las bacterias en todo el cuerpo y aparecen síntomas típicos de una infección como la fiebre, escalofríos, a veces taquicardia o dolor en otras regiones. En el peor de los casis se da una sepsis potencialmente mortal, pero ¡que no cunda el pánico!, es bastante rara.

De vez en cuando se forma una fístula. Es una conexión artificial entre el absceso y otro órgano o entre el absceso y la superficie de la piel. En el primer caso ya no funciona un antibiótico en la mayoría de las veces. Entonces hace falta extirpar por completo tanto el absceso con la membrana como la fístula. En el último caso se puede evitar la operación sí – y el acento puesto en la palabra “si” – se vacía fácilmente todo el contenido.

Por lo general un absceso necesita tratamiento, no desaparece el problema por sí solo.

¡No todo lo que aparece ser un absceso realmente es una infección!

De vez en cuando se inyecta una sustancia por vía intramuscular y un par de horas o días después aparecen enrojecimiento y calor en la región. Sorprendentemente el asunto se resuelve poco después sin tratamiento. Pues bien, se trata de una inflamación estéril que es muy frecuente, tal vez hasta más frecuente que el suceso bacterial.

Entran en juego el contenido de alcohol, el valor pH, la compatibilidad con el tejido y sobre todo la cuestión si la inyección da en el blanco (el músculo) o erra el tiro (fascias que atraviesan los músculos o depósitos de tejido adiposo que no sólo existen bajo de la piel sino a veces entre las fibras musculares). Estos factores pueden causar una destrucción local del tejido, lo que atrae también glóbulos blancos y pone en marcha una reacción inmunológica con la que son removidas las células dañadas. Aparecen así los síntomas de una inflamación sin que haya una infección.

Opciones de prevención

Si se trata de una verdadera infección, los gérmenes entran normalmente por una de las vías siguientes:

a)      Es contaminada la sustancia inyectada

b)      Manejo no estéril de la inyección

c)      Un hematoma (creado por la inyección) es infectado por bacterias ya pre-existentes en el cuerpo.

Respecto al primer factor siempre es aconsejable de utilizar productos que se venden en la farmacia. En los últimos años ha empeorado la asequibilidad de varias sustancias con esta calidad, otras ya no están producidas en empresas farmacéuticas oficiales. Por consiguiente sigue el número de laboratorios clandestinos que compensan el hueco, el llamado “homebrewing”. Ahí las condiciones de la producción tanto en cuanto a la esterilidad como a la pureza del agente de acción son – prudentemente dicho – dudosas.

Cuando se prepara la inyección, un manejo estéril significa impedir todo tipo de contacto entre la cánula y el dedo, la mesa, la pared exterior de la ampolla o cualquier otro objeto. Introduciendo la aguja en el líquido, los únicos contactos permitidos son con la pared interior de la ampolla y con el aire. También cuando se presiona el émbolo para expulsar las burbujas de aire que hayan quedado no se debe tocar la aguja. Después de desinfectar la piel hace falta esperar al menos 30 segundos. Es necesario por ser dependiente del tiempo la eliminación de la flora cutánea. Se penetra la piel con la cánula y es empujada en el músculo, pero antes de expulsar el contenido hay que aspirar. Con eso se reduce el riesgo de hematoma (y así de un absceso por hematoma infectado) y además de una embolia grasa cuando pasa el líquido (oleoso) en un vaso de mayor tamaño. Por supuesto de ningún modo se debe reutilizar la misma aguja o jeringa otra vez.

Pese a todas estas medidas de precaución puede haber de vez en cuando un absceso aún en usuarios experimentados.

Subtitulación: Cuidado con las ampollas de dosis múltiples: hay que desinfectar la membrana cada vez antes de penetrarla con la aguja. Si esta última ha tenido contacto con cualquier objeto no se debe re-introducir nunca.

 

¿Cómo diagnosticar un absceso?

Con esto llegamos al problema principal. Se nota dolor y enrojecimiento alrededor del lugar de la inyección. Pues ¿se trata de qué?

“¡Ojalá que sólo sea una inflamación estéril que pasará!” Muchos pensarán así, ya que molesta la idea de ir al médico, admitir lo que se ha hecho y escuchar sus comentarios. Molesta aún más la idea de una operación que posiblemente sea necesaria.

Como ya se ha dicho, son bastante comunes las inflamaciones estériles que pasan por sí solas. Por otro lado, si se trata de una verdadera infección no hay que perder mucho tiempo: al inicio puede ayudar todavía un antibiótico, mientras en la fase avanzada del proceso – con la membrana alrededor de la cavidad – es probable la necesidad de una operación después de todo. Pausa de entrenamiento y cicatriz inclusas. Surge la cuestión importante: ¿cuándo ha llegado el momento oportuno de dejar el auto-tratamiento y de pedir una cita con el médico?

No se puede dar una respuesta de validez general y no vamos a ofrecer una garantía por que como díriamos: “la excepción confirma la regla”.

Queda entonces claro que el síntoma más importante para distinguir entre sucesos estériles e infecciones es la fiebre. Cuando sube la temperatura axilar por encima de 38°C, es muy probablemente una infección que exige tratamiento médico. Si la temperatura está entre 37 y 38°C son posibles los dos procesos, pero es aconsejable la cita. Si queda por debajo, se puede esperar todavía. ¡Cuidado!, los antiinflamatorios como la aspirina, el ibuprofeno, el diclofenaco, la indometacina y otros pueden ocultar este síntoma muy importante, así que siempre se debe medir la temperatura sin la influencia de estos medicamentos. No obstante son de gran ayuda en las inflamaciones estériles.

Si se hinchan los ganglios linfáticos de la región una infección es bastante cierta.

Otra posibilidad para aclarar la situación es la determinación rápida de valores sanguíneos ya sea en la consulta del médico o en la farmacia. En un absceso los glóbulos blancos y el porcentaje de neutrófilos son elevados. Además existe un valor muy interesante que se usa como marcador de inflamación – la proteína C-reactiva (PCR o en inglés CRP). Su ventaja es que reacciona a la inflamación con una subida antes de los glóbulos blancos y ya antes de la aparición de fiebre. Es también ideal para confirmar el efecto de un tratamiento antibiótico, ya que cae su valor antes del receso de los síntomas. Por desgracia sube también en la inflamación estéril, pero no tanto: con valores normales de 0 a 10 mg/l, ésta puede causar una subida a 20 ó 25 mg/l. En un suceso bacterial suben a 40 mg/l, 100 mg/l o hasta más. Pero por ser dinámico el valor, es mejor tomar la PCR otra vez un día después. Si se toma ese valor al inicio de una infección bacterial, el resultado también puede ser bajo – por ejemplo 20 mg/l – lo que puede llevar a malinterpretaciones. Pero va a subir deprisa. Cuando está por encima de 40 mg/l el caso es evidente.

Finalmente con la ecografía un médico puede diagnosticar un absceso con certitud. Si es alta la calidad del aparato, se ve la membrana (en caso de sí exista) lo que facilita la decisión de operar o de esperar todavía bajo una terapia antibiótica. Sirve también para establecer las dimensiones del absceso.

Niveles de tratamiento

Después de todo lo que hemos dicho hasta ahora, se aclara un algoritmo para la terapia. Primero hay que diferenciar entre sucesos estériles y bacteriales.

En el primer caso refrigerar la región y un antiinflamatorio como el ibuprofeno no dañará de todos modos (salvo la supresión de la fiebre lo que representa un problema diagnóstico) y por lo general esta terapia es suficiente.

Pero seguramente habrá situaciones donde es difícil marcar la línea divisoria, así que en casos de duda siempre es mejor tomar un antibiótico adecuado. Más vale tomarlo en balde que aguantar una operación después de todo, ¿no creéis?

En la mayoría de las infecciones se trata de bacterias del tipo estafilococo áureo así que son útiles medicamentos como por ejemplo la cefuroxima (2 x 500 mg / día). Si hay alergia a la cefuroxima, son alternativas la doxiciclina  (2 x 100 mg / día) o la clindamicina (4 x 300 mg /día). Funcionan también varios otros antibióticos y por supuesto hace falta adaptar la dosis si es bastante mayor el peso corporal. Las dosis mencionadas son para personas de 80 kg más o menos.

Con el avance del proceso bacterial quedará cada vez más infructuosa la tentativa de tratarlo únicamente con antibióticos. Tengamos en cuenta el lema de los cirujanos: “Donde hay pus, hay que evacuarlo”. La ecografía facilita la decisión cuando es el momento ideal de operar.

Muchas veces no es suficiente una anestesia local (no funciona bien el narcótico en un tejido ácido como es el caso aquí) así que se prefiere la anestesia regional o general. El cirujano incide – quizás bajo control ultrasónico – el absceso y se vacía el contenido purulento que está bajo presión de vez en cuando. Un cultivo y antibiograma de ello sirve para adaptar la antibiosis acompañante si es necesario. Extirpa todo el tejido necrótico, fístulas posibles inclusas. Para lograr un drenaje total, la cavidad está irrigada con solución salina hasta obtener un líquido claro. También puede introducir sustancias desinfectantes o enzimas para limpiar la cavidad interior. La herida queda abierta, no la cierra con una sutura para no arriesgar otro absceso. Finalmente coloca un drenaje quirúrgico, a veces con bomba de vacuo, para coleccionar los líquidos que fluyen posteriormente.

Después de la operación hay que cambiar el vendaje en intervalos regulares y cortos. Con la granulación de los bordes la herida es cada vez más pequeña y se cierra con una cicatriz dentro de días o semanas. Con esto terminamos el tema… reflexionad un poco sobre lo que hacéis. ¡Hasta la próxima!

Subtitulación: Curación abierta de la herida después de la operación. En la segunda foto un sistema de drenaje con bomba de vacuo.

 

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One Response to “MEDICINA DEPORTIVA: El absceso por una inyección”

  1. Juan dice:

    No гesulta sencіllo ver articulos correctamente expuestos, asi que tengo que гeconocerselo al autor.Sigue as

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